Multitasking: por qué tu cerebro no hace dos cosas a la vez
19 de agosto de 2026
Escribir un informe mientras se responde un WhatsApp, estar en una reunión con la cámara apagada resolviendo otra cosa, revisar el mail mientras se mira una serie: el multitasking ya es una forma de vida normalizada. El problema es que, en la mayoría de estos casos, lo que pasa en realidad no es hacer dos cosas a la vez, sino saltar rápido entre una y otra.
El problema: hasta un 40% del tiempo productivo
La Asociación Americana de Psicología (APA) lleva más de veinte años investigando este fenómeno, y su conclusión es contundente: los pequeños bloqueos mentales que se generan al cambiar de tarea pueden costar hasta un 40% del tiempo productivo de una persona. La explicación tiene que ver con lo que los investigadores llaman "control ejecutivo", que funciona en dos etapas: primero hay que decidir activamente dejar una tarea para hacer otra ("goal shifting"), y después hay que desactivar las reglas mentales de la tarea anterior para activar las de la nueva ("rule activation"). Cada cambio individual dura apenas unas décimas de segundo, pero cuando se repite cientos de veces en un día, esas décimas se acumulan hasta convertirse en horas.
Lo que dice la neurociencia
El cerebro puede automatizar tareas simples y ejecutarlas junto con otra actividad, como caminar mientras se conversa, porque caminar no exige atención consciente sostenida para la mayoría de la gente. Pero cuando las dos tareas sí la requieren —escribir un texto y leer un mensaje, por ejemplo— no las procesa en paralelo. Lo que hace es alternar rápido el foco entre una y otra, algo que se conoce como "task switching" o cambio de tarea, exactamente el mecanismo que mide la investigación de la APA.Ese cambio tiene un costo cognitivo, aunque no se perciba de forma consciente: retomar algo después de una interrupción no es instantáneo, el cerebro necesita un momento para volver a cargar todo el contexto de lo que estaba haciendo. Multiplicado por decenas de interrupciones en un día de trabajo, ahí está la explicación de por qué una jornada llena de multitasking termina agotadora y, al mismo tiempo, poco productiva: se hicieron muchas cosas a medias, pero cuesta señalar algo realmente terminado.
No todo el multitasking pesa igual
El impacto cambia según qué se combine. Dos tareas que exigen pensamiento activo —escribir un análisis y responder consultas complejas por chat, digamos— generan el mayor costo, porque compiten por el mismo tipo de atención. Una tarea automática combinada con otra que sí requiere atención, en cambio, casi no genera conflicto: escuchar música de fondo mientras se ordena el escritorio no exige el mismo procesamiento consciente en ambos frentes.
La solución: qué funciona mejor que el multitasking
Trabajar en bloques dedicados a una sola tarea ayuda a sostener la atención por períodos definidos en lugar de dispersarla todo el tiempo; técnicas como el Pomodoro, con 25 minutos de foco y 5 de descanso, son una forma simple de ponerlo en práctica. Agrupar tareas similares también suma: responder todos los mensajes pendientes en un bloque específico, en vez de reaccionar a cada notificación en el momento, reduce mucho la cantidad de cambios de tarea a lo largo del día. Silenciar las notificaciones durante los bloques de trabajo profundo tampoco exige estar disponible todo el tiempo para todo, y mejora tanto la calidad como la velocidad real del trabajo. Y quizás lo más difícil de asumir: estar ocupado no es lo mismo que ser productivo. Sentir que se hicieron muchas cosas a la vez da una sensación de logro que no siempre se corresponde con haber avanzado en lo que realmente importaba.No hace falta eliminar todo cruce de actividades, eso sí. Combinar una tarea mecánica —ordenar archivos, hacer ejercicio, cocinar— con algo que no pide atención plena, como escuchar un pódcast, es perfectamente compatible y no genera el mismo desgaste que alternar entre dos tareas que sí exigen concentración.
En resumen
Con una institución como la APA cuantificando el costo del cambio constante de tarea en hasta un 40% del tiempo productivo, el multitasking deja de ser una cuestión de percepción personal para convertirse en un problema medible. No es un superpoder ni una habilidad que algunas personas dominan mejor que otras: en la mayoría de los casos es una ilusión de eficiencia que fragmenta la atención y termina aumentando el esfuerzo total necesario para terminar algo bien hecho. Reconocerlo no implica volverse rígido con el tiempo, sino ser un poco más consciente de cuándo conviene enfocarse en una sola cosa.