Anillos y pulseras inteligentes: qué miden en serio y qué es solo marketing
22 de octubre de 2026
La categoría de anillos inteligentes viene de un salto de crecimiento poco común: los envíos globales subieron un 49% en 2025, según datos de IDC citados por Bloomberg, muy por encima del 6% de crecimiento de los smartwatches en el mismo período. Oura, la marca que popularizó el formato, concentra entre el 74% y el 76% del mercado global, vendió más de 5,5 millones de unidades acumuladas hacia fines de 2025 y alcanzó una valuación de 11.000 millones de dólares tras una ronda de inversión de 900 millones. Samsung, que entró tarde a la categoría con su Galaxy Ring, ya capturó un 9% del mercado global en la primera mitad de 2025, con más de un millón de unidades vendidas. El crecimiento es real. La pregunta que vale la pena hacerse es qué tan confiables son los datos que estos dispositivos entregan.
Lo que sí está validado: el pulso en reposo
Un estudio publicado en 2025 en la revista científica Physiological Reports, que comparó cinco dispositivos de consumo contra un electrocardiograma de referencia a lo largo de 536 noches con 13 adultos sanos, encontró diferencias marcadas entre formatos. El Oura Ring de tercera generación alcanzó un coeficiente de concordancia de 0,97 para la frecuencia cardíaca en reposo, y la cuarta generación llegó a 0,98, superando el 0,91 registrado por el Whoop 4.0, una pulsera de muñeca. La explicación técnica tiene que ver con la anatomía: el dedo tiene una vasculatura más densa y cercana a la superficie de la piel, lo que produce una señal óptica (fotopletismografía) más limpia que la que se obtiene en la muñeca, una zona más expuesta a artefactos de movimiento durante el sueño.
El sueño: buena aproximación, no diagnóstico clínico
Para el seguimiento del sueño, un metaanálisis de 2025 no encontró diferencias estadísticamente significativas entre el Oura Ring y la polisomnografía —el estudio de sueño de referencia en un laboratorio clínico— para el tiempo total de sueño, la eficiencia del sueño ni el tiempo en cada etapa. Investigadores del Brigham and Women's Hospital, en un estudio con 35 participantes publicado en la revista Sensors y presentado en Sleep Europe 2024, encontraron que el Oura Ring fue un 5% más preciso que el Apple Watch y un 10% más preciso que Fitbit para clasificar las cuatro etapas del sueño frente a la polisomnografía.Pero hay un límite importante que separa estos resultados de un uso clínico real: un estudio de 2025 publicado en el Journal of Sleep Research confirmó que los dispositivos de consumo no están validados para poblaciones con trastornos clínicos del sueño. La precisión medida en adultos sanos y sin diagnóstico no se traduce automáticamente en una herramienta confiable para detectar o monitorear apnea del sueño, insomnio clínico u otras condiciones médicas, algo que estos dispositivos tampoco están diseñados ni aprobados para hacer.
Qué separa el dato útil del marketing
La distinción más importante para cualquiera que use uno de estos dispositivos no es "¿funciona o no funciona?", sino para qué se lo está usando. Como herramienta de seguimiento de tendencias personales en una persona sana —¿duermo mejor esta semana que la anterior? ¿mi frecuencia cardíaca en reposo bajó desde que empecé a entrenar?—, la evidencia respalda que estos dispositivos, especialmente los que miden desde el dedo, ofrecen datos razonablemente confiables. Como herramienta de diagnóstico médico o para monitorear una condición de salud ya identificada, ninguno de estos productos de consumo masivo tiene la validación clínica necesaria, y ningún fabricante los presenta oficialmente con ese propósito.
En resumen
Los anillos inteligentes crecen a un ritmo que multiplica por ocho al de los smartwatches, y la evidencia científica disponible respalda que, al menos para frecuencia cardíaca en reposo y variabilidad cardíaca, el formato de anillo mide con más precisión que una pulsera de muñeca equivalente, gracias a una señal óptica más limpia desde el dedo. Para el sueño, la aproximación también es buena en comparación con el estándar clínico, en población sana. Lo que ningún estudio respalda todavía es su uso como herramienta diagnóstica: siguen siendo dispositivos de seguimiento personal, no de detección médica, y esa distinción es la que separa el dato útil de lo que es, en el mejor de los casos, una promesa de marketing todavía no comprobada.